Una pequeña rozadura puede parecer insignificante, pero en una persona con diabetes merece mucha más atención. Y es que la pérdida de sensibilidad, los problemas de circulación y las dificultades para cicatrizar pueden hacer que una lesión pase desapercibida al principio, pero que termine convirtiéndose en una complicación importante. Por este motivo, conocer y aplicar correctamente los cuidados para pie diabético es una parte fundamental del autocuidado de las personas con diabetes.
La prevención no consiste únicamente en revisar los pies cuando aparece una herida. Las recomendaciones internacionales ponen el foco en la revisión periódica de los pies, el calzado adecuado, la educación del paciente y el control de los factores de riesgo.
¿Por qué la diabetes puede afectar a los pies?
La diabetes puede favorecer la aparición de neuropatía periférica, que reduce la capacidad de percibir dolor, presión, calor o frío. También puede coexistir con una enfermedad arterial periférica, que dificulta la llegada adecuada de sangre a los tejidos y puede retrasar la cicatrización.
Esto explica por qué una ampolla, una rozadura o una pequeña herida pueden pasar inadvertidas. Además, la neuropatía puede modificar la forma de apoyar el pie y aumentar la presión sobre determinadas zonas.
Por tanto, los cuidados para pie diabético deben formar parte de la rutina diaria y no limitarse a los momentos en los que existe una molestia.
Cuidados para pie diabético que conviene incorporar a diario
Una rutina sencilla puede ayudar a detectar cambios antes de que evolucionen.
Revisar los pies con frecuencia
Es importante observar la piel, las uñas y la planta del pie para comprobar si existen ampollas, heridas, enrojecimientos, grietas, callosidades o cambios de color.
Si resulta complicado visualizar la planta, puede utilizarse un espejo o pedir ayuda a otra persona. Las personas con pérdida de sensibilidad o problemas circulatorios pueden necesitar una revisión diaria.
Mantener una higiene adecuada
Los pies deben lavarse diariamente con agua templada y un jabón suave. Después, hay que secarlos cuidadosamente, sobre todo entre los dedos.
La temperatura del agua debe comprobarse antes, especialmente cuando existe pérdida de sensibilidad. Así se evita el riesgo de sufrir una quemadura sin percibirla.
Hidratar la piel, pero no entre los dedos
Cuando existe piel seca o agrietada, una crema hidratante puede ayudar a mantener la barrera cutánea en mejores condiciones. Sin embargo, se debe evitar aplicar crema entre los dedos para no mantener esa zona excesivamente húmeda.
Este sencillo gesto forma parte de los cuidados para pie diabético y puede ayudar a prevenir grietas y otras alteraciones de la piel.
El calzado es una pieza clave en el cuidado del pie diabético
Los zapatos no deberían generar presión, rozaduras ni puntos de fricción. Es recomendable utilizar un calzado cómodo, bien ajustado y adecuado a la forma del pie, acompañado de calcetines que no aprieten.
En personas con determinados factores de riesgo, un profesional sanitario puede recomendar calzado específico o medidas para descargar las zonas sometidas a mayor presión.
Por este motivo, tampoco conviene estrenar unos zapatos durante muchas horas seguidas. Es preferible comprobar progresivamente cómo responde el pie.
Cuidado de las uñas y las callosidades
Hay que cortar las uñas con cuidado, preferiblemente en línea recta y sin apurar demasiado. Las callosidades y durezas tampoco deberían eliminarse con cuchillas, productos químicos o métodos agresivos en casa.
En personas con diabetes, una lesión provocada al intentar solucionar una dureza puede convertirse en una puerta de entrada para una infección. Así que, ante uñas difíciles de cortar, callosidades recurrentes o cualquier alteración, es aconsejable recurrir a un profesional.
¿Qué señales requieren una consulta?
No hay que esperar a que una herida duela para pedir ayuda. Precisamente la neuropatía puede reducir o eliminar la percepción del dolor.
Conviene consultar ante la aparición de:
- Heridas, ampollas o úlceras.
- Enrojecimiento o inflamación.
- Cambios de coloración de la piel.
- Grietas profundas.
- Secreción o signos compatibles con infección.
- Zonas especialmente calientes o frías.
- Cambios repentinos en la forma del pie.
- Nuevas callosidades o puntos de presión.
Si existe una herida, no debe retrasarse la valoración profesional. Las guías del IWGDF consideran la prevención y la detección temprana elementos esenciales para reducir el riesgo de complicaciones.
Revisiones podológicas, una parte importante de la prevención
Los cuidados para pie diabético en casa son fundamentales, pero no sustituyen las revisiones profesionales. El nivel de riesgo no es igual para todas las personas con diabetes. La presencia de neuropatía, enfermedad arterial periférica, deformidades, antecedentes de úlceras u otros factores puede modificar las necesidades de seguimiento.
Una revisión podológica periódica permite detectar alteraciones de la piel, uñas, sensibilidad o apoyo antes de que provoquen complicaciones. Además, el profesional puede ofrecer recomendaciones individualizadas sobre higiene, calzado y protección de las zonas de mayor presión.
Por tanto, cuidar los pies cuando se tiene diabetes no significa vivir pendiente de ellos, sino incorporar unas pautas sencillas y saber cuándo es necesario consultar.
Prevenir hoy para proteger la salud de tus pies mañana
La diabetes requiere un cuidado integral y los pies forman parte de ese cuidado. Revisarlos con frecuencia, mantener una buena higiene, hidratar la piel seca, utilizar un calzado apropiado y consultar ante cualquier cambio son medidas sencillas que pueden marcar una diferencia importante.
Los cuidados para pie diabético deben adaptarse, además, al nivel de riesgo de cada persona. Por eso, contar con seguimiento profesional es especialmente importante cuando existen alteraciones de sensibilidad, circulación, deformidades o antecedentes de lesiones.
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En Lara Podólogo ponemos el cuidado preventivo y la valoración profesional de los pies al servicio de cada paciente, especialmente cuando existen factores que pueden aumentar el riesgo de complicaciones.



